El guión lo escribí hace tres años, lo metí en una carpeta del windows, los cajones de hoy en día para los guionistas, y allí se quedo hasta que una mañana, mientras esribía no sé qué guión para no sé que formato, en sí sé qué productora Luis Moreno Bernardo, ayudante de dirección de Herederos, en aquella época en producción, se acercó y me dijo: “¿Le podrías echar un vistazo a este guión de un corto que voy a rodar, a ver qué te parece?” Aprovechando la coyuntura eché mano a ese cajón virtual lamado “Mis documentos” y rebusqué, entre el montón de papeles, una copia de mi guión, que tras un año debería estar lleno de polvo de bits. Afortunadamente encontré el guión en buenas condiciones, tan limpio que al vomitarlo la impresora nadie diría que llevara más de 365 días en aquel almacén de ideas olvidadas. Luis se llevó el guión encantado y yo me quedé con el suyo para leerlo y ayudarle en la medida de lo posible. Pasados unos días, ya que no siempre coincidíamos en el trabajo, y tras haber leído ambos nuestros respectivos textos, Luis apareció por la productora con la firme convicción de que me olvidara de su texto “Olvídate, Amalio”, “Si está bien. Yo cambiaría…”, “Voy a rodar el tuyo.” VOY A RODAR EL TUYO. Y dijo rodar, no de una forma gratuíta, como cuando vas a GRABAR un reportaje y te dicen que tienes que RODAR. No, Luis iba a rodar, proque hablaba de 35mm, ¡Cine! y eso era más de lo que yo nunca imaginé que le pasaría a “La ventaja del sicario.”

A Luis le encantó el texto, le pareció que era una historia que merecía contarse y confió en un, en aquel momento para él, desconocido, para rodar, producir y dirigir su primer cortometraje. Hoy tres años después de aquel arranque de Luis, algo que no creo que sepa cuánto lo valoré en su día y cuanto lo agradezco hoy, el corto está en capilla, se ha presentado a festivales y estamos a la espera. Desde aquel día en que Luis decidió confiar en mi guión, no sólo reunió al equipo humano (nunca mejor dicho) para rodarlo, también consiguió equipamiento técnico, coproductores, y lo que es más importante; tiempo e ilusión para situarse delante de la orquesta dar tres golpecitos con la batuta sobre el atril y hacerla sonar como él suele hacer las cosas, es decir, bien, muy bien. Pero no sólo eso, también consiguió a un actor como Vladimir Cruz (Fresa y Chocolate) y a Oscar Morales, con un futuro envidiable en la profesión, a fuerza de ilusión, ganas y su tenacidad natural para conseguir lo que se proponga.

Pero más allá de todo esto hay algo con lo que Luis no contaba el día que decidió afrontar el proyecto, algo que él desconocía y que yo supe,creo que inmediatamente, al ver su ímpetu, sus ganas, su energía contagiosa y su simpatía viral, algo que pocos guionistas pueden desvelar cuando conocen a un director como él. Y es que Luis no sabía que yo contaba con una ventaja, como Melvin, a la hora de dejar en sus manos un texto al que le tengo un especial cariño, una ventaja que hizo que mi guión saliera de su claustrofóbica reclusión para pasar del papel a las imágenes, de la tinta al celuloide, de la muda VOZ EN OFF escrita, a la imprescindible VOZ EN OFF hablada. Esa ventaja, que nunca hasta hoy revele, es su profesionalidad, su creatividad y su saber hacer. Esa ventaja era él. Porque esa, sin ninguna duda, fue mi ventaja y aún lo sigue siendo. Esa es la ventaja del guionista.

Gracias Luis, Yolanda, Ismael, Jesús, Alicia, Keko, Victor, Helena, Laura, Vladimir, Oscar, gracias a todos.