A Caldevilla lo conocí en otra vida. En esa vida yo era reportero de “Aquí hay tomate” y él ayudante de realización de, no recuerdo qué programa, en T5. De forma intermitente, y por unirnos la adicción al tabaco, Luis Ángel y yo, coincidimos a las puertas de los edificios C, D, B y A,de T5, para fumar, entre risas, mientras hablábamos del trabajo, del trabajo o simplemente del trabajo. Durante nuestros encuentros en los que un cigarro se cruzaba con otro y éste con un tercero que se sobresaltaba ante la escandalosa risa de Luis, nunca, nunca me dijo algo que tuve que descubrir casualmente un día navegando por Internet, y es que él, Luis Ángel Caldevilla, era el dueño del tiempo.