Así ven cuatro dibujantes a Manolo, el protagonista de mi relato científicamente incorrecto y literariamente insufrible.

portada VDN

Portada del nº 15 de VDN (Valencia Día y Noche)

Antes de nada dejad que os ponga en antecedentes sobre el origen de Manolo.

En 1997 trabajaba como redactor en una guía de ocio en Valencia. Decir que trabajaba como redactor sería decir poco, la verdad. Trabajaba como redactores, sí, en plural, porque durante los primeros meses (estuvimos un año en los quioscos) yo me encargaba de redactar prácticamente toda la guía. Las única secciones que no escribía eran la crítica cinematográfica, la crítica de bandas sonoras y un artículo semanal o entrevista que escribía un estudiante de periodismo.  El resto, critica teatral, critica gastronómica, critica televisiva, entrevistas, reportajes, relatos, etc, lo escribía yo con varios seudónimos. Fue una buena época a nivel creativo y me enseñó que si tenías un carné de prensa y sabías cómo usarlo, pagar en una discoteca, concierto, teatro y otros, estaba de más. Eran otros tiempos, claro. Ahora eso es prácticamente imposible. Pero, ¿por qué me remonto a 1997 para hablar de “Manolo, la neurona suicida” pues porque Manolo, el propietario de la neurona de la que escribo y fantaseo en el relato existió. Manolo era un compañero de redacción – aclarar que la redacción se encontraba en una papelería de Mislata, donde Miguel Sánchez, el dueño, había decidido montar una guía de ocio – Manolo, decía, era un compañero que trabajaba de dependiente en la papelería, un joven de cuello alargado y gestos serios que te miraba como si fueses un raro espécimen, extrañado, sorprendido, curioso y siempre, siempre con alguna frase que nos dejaba a todos con la boca abierta por el increíble sinsentido. Manolo, entraba a redacción y nos comentaba algo relacionado con alguna noticia de actualidad pero con su particular visión de  señor mayor de 25 años. Disertaba, filosofaba, sacaba conclusiones (todas erróneas) y se marchaba satisfecho dejándonos a todos mirándonos unos a otros y preguntándonos interiormente su acababa de pasar lo que, efectivamente, acababa de pasar. O simplemente pasaba por redacción y soltaba una frase del estilo “en azul mejor” y salía. Sin saber nunca a qué sería mejor en azul. Para alguien joven, en aquel momento, como yo, aquel extraño comportamiento del dependiente de la papelería no hacía más que plantearme preguntas, la principal; ¿qué pasa en la cabeza de Manolo? Como nadie daba respuesta a mi pregunta decidí hacerlo yo mismo con un relato. Dar voz a una neurona de su cerebro que se revela de su propietario e inicia la revolución neuronal. Y este fue el origen de “Manolo la neurona suicida”.

Años después, en concreto 16, me encontré con el relato en papel, lo releí, me pareció gracioso y lo publiqué, sin revisarlo mucho (y se nota), en Amazon. Las ventas van bien, no me podré retirar gracias a él, pero todos los meses me deja para comprar 250 gramos de jamón york, que hoy en día ya es mucho.

Gracias a mi trabajo como guionista, con el que saco para poder pagar el pan con el que rodear el jamón york, y a mi actividad en Twitter, he conocido a dibujantes y a ellos les he pedido un favor que nunca les agradeceré lo suficiente: ¿Cómo ves tú a Manolo? les dije y ellos, no solo me lo dijeron, me lo dibujaron. Estos son la visión de cuatro dibujantes, que leyeron “Manolo, la neurona suicida” y lo vieron así.

Así ve Sir Cámara a Manolo.

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Ricardo Cámara aka Sir Cámara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así ve  Salvatwitts a Manolo.

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Salvador Martínez aka Salvatwitts.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así ve Marco a Manolo.

Manolo, la neurona suicida.

Marco Gómez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Así ve Lápiz de Quintintas a Manolo.

MANOLO, LA NEURONA SUICIDA

Lápiz de Quintintas aka Álvaro López de Quintana.